Algunos políticos sostienen que: la “rabia colectiva es un asunto de salud pública” y creemos que también, es un asunto de conciencia social y de encabronamiento ante las tiznaderas que hacen los políticos con los fondos y bienes públicos para llevarlos a los bolsillos de ellos y de sus socios…

Hace algunos días, en una entrevista a un joven de 19 o 20 años, señalaba que prefería o quería salir del país, buscando nuevos caminos donde le pudieran dar facilidades para estudiar y para trabajar, ya que en México, no encuentra esas posibilidades. No culpa a los demás por su “mala suerte”, no, toma conciencia y señala que el problema es que los dirigentes del país no saben, no quieren o se la pasan robando y así, señala que no hay forma de pararles su ambición, sostiene, con razón, de que los políticos solamente hablan y hacen negocios pero no tienen conciencia y amor por la humanidad, son egoístas, perversos y ambiciosos y la mejor prueba era la vida que ha tenido Anaya, al alcanzar, por medio de la política, riqueza y que convierta sus acciones en modos de hacer negocios y habla de que llevará al presidente a la cárcel, cuando él, debería estar solicitando, dice él, el perdón de AMLO que ha prometido a los delincuentes, porque es un delincuente metido a la política. Sin duda, hay mucha desilusión, no es que los jóvenes no se interesen en la política, no, están desilusionados de lo que sucede por y en la política que, al final de cuentas, les jode la vida. Su vida, su presente y su futuro…

Recuerdo que en los tiempos del 68 teníamos ánimos de cambio y éstos empezaron con la música, con las obras de pequeños grupos como en la revolución cubana que, con doce hombres, lograron derrotar a Batista y por supuesto eliminar la acción y la dependencia con los Estados Unidos, empezaban los jóvenes a leer y a observar lo que sucedía en otras partes del mundo, la velocidad de la comunicación cambio muchas formas de pensar y de pronto, tomó a los políticos fuera de base ya que no entendían lo que sucedía cuando miles y miles de jóvenes protestaban por una simple represión en contra de unos estudiantes de dos escuelas y demandaban la desaparición del cuerpo de granaderos y la destitución de su jefe y del jefe de la policía, no podían entender que de un día al otro, de forma increíble, los jóvenes optaran por nuevas formas de representación estudiantil y eliminaran a los grupos de porros y de los grupos estudiantiles controlados desde y por el gobierno, y que fueran rebasados incluso por medio de la fuerza social y del alto número de gentes que llegaba, por ejemplo, a las oficinas de los porros en el Politécnico y hacían correr a los porros al servicio de los políticos y funcionarios de nuestras escuelas, no podían entender, ni nuestros padres ni los políticos, las razones por las que cantábamos y nos agrupábamos en las escuelas y perdíamos horas de sueño por estar inventando volantes que serían repartidos a las gentes en mercados y calles, no entendían que nos robáramos las sábanas de la casa para pintar mantas en contra del gobierno y demandando la justicia que no veíamos llegar, ni la libertad que reclamábamos sin saber realmente cual nos merecíamos, si la libertad de caminar, reunirnos y marchar y de hablar o la libertad total, en ocasiones, confundida, por algunos, con el libertinaje, así salieron los poetas, no solo uno, sino cientos, y los cantantes y los pintores y los escritores y los especialistas en llevar los mensajes con el megáfono invitando a que el pueblo se uniera a esa lucha, y de pronto, con la necedad de la juventud y con las marchas y con los ataques de los policías y las revueltas y los enfrentamientos y los mítines por toda la ciudad, la gente se venía dando cuenta de que algo sucedía y de que, al final de cuentas, los jóvenes tendrían la razón, porque ellos como adultos habían sufrido la represión y sometidos al silencio y a lo que declaraban los políticos como verdad, aunque los jodiera y fastidiaría. La rebelión de los jóvenes a lo mejor no tenía una claridad en lo que era la democracia, pero sabíamos que deberíamos de romper el manejo del silencio y del orden impuesto a los grupos sociales de obreros, campesinos y clases medias que eran movilizados para apoyar, incondicionalmente, a los gobernícolas, a pesar de que ellos no les respetaran en sus salarios, en su trabajo, en su libertad, en su amor a la familia, a sus compañeros, y de pronto, miles y miles de padres entendieron lo que querían sus hijos y salieron a marchar, incluso los que ocupaban puesto en la burocracia, y así, cuando el licenciado y general Corona del Rosal inventó como puntada la marcha de los burócratas para, decía él, hacer respetar a la bandera. Miles de voces de los burócratas optaron por corear: NO SOMOS BORREGOS, NOS LLEVAN A LA FUERZA y así surgió nuevamente el amor entre padres e hijos y comenzaron a lograr cambios, no por el movimiento, sino como consecuencia del movimiento, y donde los políticos se dieron cuenta de que aflojaban la rienda o el caballo se desbocaba y por ello, muchos “izquierdistas optaron por incrustarse en la política, con una reforma que no conquistaron, sino que les impusieron y,,,, ahí están haciéndole al pentonto. Ahora, aliados con los de la reacción…

Sócrates a. Campos Lemus