Columna invitada:
Camila de la Fuente

No debería de estar escribiendo sobre esto, pero ante nuestra realidad hay que abrir los ojos y ser realistas: celebramos algo que no hemos logrado. Falta tanto por crecer y sanar como sociedad, que celebrar el Día de la Mujer no tiene sentido.

Uno de los eventos que conmemora el Día de la Mujer fue la tragedia industrial en Nueva York sucedida el 25 de marzo de 1911, en el que 17 trabajadores y un centenar de mujeres jóvenes inmigrantes — quienes previamente habían protestado por sus malas condiciones laborales— murieron encerrados en la fábrica textil a causa de un incendio. A partir del grave evento se creó un importante Sindicato Internacional de Mujeres Trabajadoras Textiles y se recuerda el 8 de marzo como El Día De La Mujer. Pareciera que hoy hemos olvidado este terrible acontecimiento, ahora su conmemoración se ha desvirtuado por completo.

Creo fervientemente en la equidad de género: que mujeres y hombres deberíamos de tener las mismas oportunidades y derechos para desarrollar nuestras capacidades de manera libre, sin exclusión, estereotipos ni prejuicios absurdos en todas las estructuras sociales, económicas y políticas. Que tengamos control sobre nuestros cuerpos y la libertad de escoger a quien amar. Todos deberíamos de recorrer este camino de la mano, apoyándonos unos a los otros para salir adelante, como un equipo.

Por eso me considero feminista, pero estoy en contra de cualquier tipo de extremismo irracional: sea de parte de los hombres o de las mujeres. Definitivamente estoy en desacuerdo con el machismo, pero no apoyo a las mujeres que se hacen llamar “feministas” y que lo único que hacen es promover el odio y excluir a los hombres, pervirtiendo violentamente la idea original de este movimiento tan bonito que ha logrado muchos avances en la historia.

Después de décadas de lucha, sí hay que reconocer que hemos progresado mucho. Hace apenas 65 años ni siquiera podíamos votar en México, ahora aquello parece algo impensable. Tenemos que celebrar y valorar a quienes han logrado dar grandes pasos, pero sin conformarnos. Tenemos que aceptar que —por lo menos en Latinoamérica— todavía no hemos llegado a la equidad. A pesar de todo, tengo la esperanza de que podemos llegar a ella.

Actualmente todos los medios promueven la imagen de la mujer independiente y libre. Nos engañan y nos lo creemos. Se puso de moda el “empoderamiento femenino” en todas las empresas, negocios y medios pero, ¿estamos “empoderando” a una mujer haciendo, por ejemplo, un gimnasio sólo para mujeres? ¿poner en redes sociales una selfie con una playera feminista “te empodera”? ¿por qué, siendo mujer, tiene que venir alguien a “empoderarme”? Me pregunto, ¿no nacemos —hombres y mujeres— con el mismo poder?.

Por esto —y otras razones más— siguen sucediendo censuras, limitaciones, abusos, violaciones, secuestros, asesinatos y muchas otras cosas que no deberían de estar pasando en un mundo en donde la mujer supuestamente está empoderada. Tenemos que reflexionar sobre estos eventos desafortunados, ¿por qué siguen pasando? Hay que preguntarnos, mujeres y hombres, ¿cómo nos estamos comportando con quienes son del género contrario? ¿cómo nos estamos comportando con las personas de nuestro mismo género? ¿cómo estamos educando a las niñas y niños? ¿Estamos realmente trabajando para que la equidad de género se convierta en una realidad?

Esto es una misión que debemos de llevar a cabo ambos géneros. Señoras, tenemos que aceptar que los hombres no son los únicos culpables. Todavía muchas mujeres oprimen a otras por el simple hecho de haber nacido con genitales femeninos. El machismo es un mal que puede infectar a cualquiera. Hay que entender que para poder volar alto —hombres y mujeres— necesitamos de dos alas. El cambio comienza con uno mismo, desde las acciones más simples. Nuestra actitud es la solución del presente y la educación la del futuro, son nuestro deber.

Uno de los grandes problemas es que nos encanta el espectáculo, no nos damos cuenta que un día como hoy… ¿festejamos? Por ponerlo como un eufemismo a semejante desgracia: la equidad que nos falta. “Jamás deseamos el evento real, sino su espectáculo” escribió alguna vez el filósofo francés Jean Baudrillard. Me pregunto qué tanto queremos que cambien las cosas.

Por ello se celebra éste día que no debería de existir, nos recuerda que todavía nos falta mucho por recorrer y educar a pesar de que los medios digan lo contrario. Estoy segura que vamos a lograrlo: el poder y los derechos los tenemos mujeres y hombres, y de la mano somos invencibles. Pero como lo expresé al principio: si realmente viviéramos en una sociedad con equidad de género, ni siquiera estaría escribiendo sobre esto.