Uno, muchas veces tiene ganas de volar o ganas de arrastrarse por el suelo, caminar, lo hemos hecho por largos días y los tiempos nos dicen que las cosas cambian como los tiempos, pues sí, lo único real es que todo cambia a pesar de que pensemos que nada cambia, allá, en las montañas del país, siempre se escucha el viento y los tonos son diferentes, no es lo mismo en la primavera donde cantan las cigarras o se ven los vuelos de mariposas y el viento acaricia las hojas, el Otoño es diferente, se nota cuando caen y vuelan las hojas y van como si no quisieran llegar al piso, y en diciembre, el viento canta con frío y nos dice que son tiempos malos y que todo llegará a cambiar un buen día y, ahí, los vemos sentados, en silencio entre los suyos, de vez en cuando una chupada al cigarro y lo van pasando de boca en boca y de suspiro en suspiro, ahí están los rescoldos no del tiempo sino con las brasas del fuego que de pronto suben en lengüetazos de lumbre y calientan algo el frío interno y dan valor para que al hablar se vea cómo salen las palabras con una especie de neblina personal, por ello, cuando sube o baja la neblina se dice que la tierra despierta o se duerme en el día y se manifiesta por la noche y se refleja en las estrellas y, ahí están los indios, como siempre, callados y hablando con el espíritu y esperando o la vida o la muerte, y toman el sotol o el mezcal o mascan el peyote o fuman la marihuana no como un vicio, sino como una especie de puerta a lo desconocido y a lo inmaterial y santificado y, ahí están todos viendo los rescoldos y así como se consumen saben que se van consumiendo y tienen esa cara de soledad, de hambre, de pensar y del estar con uno mismo, escuchando el viento a todas horas y esperando que todos se vayan parando para irse y volver al otro día y a los días que nos faltan, y toman una trago de mezcal o de tesgüino o de alguna mezcla que ellos saben cómo la hacen y para qué sirve y fuman o mascan el peyote o el hongo o van caminando para conocer la magia de los tiempos y así se habla de los nahuales y los tonales y de los brujos y de los aparecidos y de todo ese mundo mágico que nos brinda la puerta a la muerte y a la vida…

Pues por allá los huachochis nos tiran los palos y se los llevan como arrastran a nuestras mujeres o nos matan a nosotros y, allá, la señora autoridad está de su lado y dicen que no nos entienden, que ellos quieren que nos modernicemos y cambiemos del hambre a la civilización, y no la queremos, no queremos sus modos de pensar ni de vivir, nosotros somos libres como el viento y caminamos o corremos por largos trechos y vamos con nuestros huaraches y nuestros amarres en el cuerpo, y un día, en el frío despertar de la mañana, al lado de la hoguera donde cocíamos mazorcas de maíz para comer de mañana con un poco de atole y la sonrisa del amanecer, se nos acercó un blanco, de buen modo nos dio el buen día y nos preguntó, ¿no tienen frío?, casi no están cubiertos sus cuerpos y, uno le dijo: Pues usted tiene frío en la cara? y nos contestó que no ,y aquel le dijo, pues nosotros somos todo cara, acostumbrados a la naturaleza y por eso la respetamos…. y el viejo se fue, no entendió nada, no quieren entender sino que quieren imponer, ello, siempre creen que viven mejor, y la verdad es que no saben para qué sirve el silencio y por eso traen en las trocas las canciones de vida y muerte y de pleitos, ellos, son peleitistas y no quieren a nadie sino que aman el dinero y lo buscan aunque sea matando, y así cazan a los venados, sin razón, y disparan contra todos sin emoción y fríos de sentimientos, por eso quieren que dejemos nuestra tierras acá, en Guachochi y en la sierra, nos quieren desmontar los montes y que no tengamos árboles ni animalitos en el bosque porque, dicen que, ellos, si pueden sacar el oro y la plata y el fierro y que eso es civilización, cuando nosotros creemos que es robar a la tierra y asesinarnos a todos y es que así, ellos, tienen dinero, pero no sentimientos y por eso obligan a sembrar las amapolas y la marihuana y van y la venden y sacan dinero para comprar armas y continuar matando al que se les oponga y, si eso es civilización, pues no la entendemos, mejor nos quedamos con nuestro frío y la pobreza, pero con sentimiento y adorando a Dios nuestro señor…Tal como lo dicen los de la misión de jesuitas.

Esos blancos no entienden por qué razón corremos, no es porque les tangamos miedo ni queramos competir con el viento, es nuestra forma de dar, silencio en el movimiento y pensar que estamos ligados la tierra y que finalmente, somos polvo porque al final de todo en eso nos quedamos, en polvo, en tierra y por ellos, hay que respetar lo que la tierra tiene en su seno, porque son los muchos indios tarahumaras que vivieron en éstas tierras hasta que llegaron los blancos para dizque ayudar y jodernos. Aquí nos trajeron trago y balas y pistolas y nos fuimos matando, borrachos, los unos a los otros y, ellos, reían mientras nos veían firmar los papeles con los dedos de cada uno para que ellos se quedaran con los montes y, al rato, ellos, trajeron máquinas y tiraron palos y pusieron aserraderos y nos daban el aserrín para la lumbre y recordarnos que eso somos[D1] , desperdicio de ellos, y nosotros tomamos trago para olvidar y no estar en pen,a pero estamos y lloramos y nos desgarramos el alma y nos arrepentimos y no sabemos cómo defenderno, porque ellos tienen a los blancos que saben de letras y hablan de leyes cuando nuestra única ley es la de Dios y lo que conocemos es el respeto y la palabra, pero sin engaño, y aquí, estamos consumiéndonos de poco en poco y saliendo a correr a las calles para ganar mil pesos después de correr 40 kilómetros y correr por la vida que se nos arrebata y consumimos, sí, como los rescoldos de los palos y el viento sopla frío y susurra que ya mero… y nos preparamos para la muerte, para regresar al suelo en forma de polvo, porque polvo somos y en polvo nos convertiremos… hasta los nuevos tiempos…Y, una matanza en 68? pues acá todos los días hay matanzas del 68…

Sócrates A. Campos Lemus